
La ONU advierte que la expansión del virus está superando la capacidad de respuesta sanitaria, mientras la falta de recursos afecta a los equipos que trabajan en primera línea
La epidemia de ébola que afecta al este de la República Democrática del Congo (RDC) continúa expandiéndose rápidamente y ya cubre un territorio superior al tamaño de Francia, según alertó este viernes Naciones Unidas.
Julien Harneis, coordinador humanitario de la ONU para el ébola, informó que más de 2,500 personas han muerto durante los últimos tres meses y que aproximadamente la mitad de esas muertes se produjo en apenas los últimos 20 días.
El funcionario advirtió que la velocidad de propagación del brote está superando los esfuerzos desplegados para contenerlo, mientras la emergencia sanitaria se desarrolla en una región afectada además por conflictos, desplazamientos y dificultades para acceder a los servicios de salud.
La situación también se ha complicado por la falta de liquidez, que está dificultando el pago de trabajadores sanitarios y comunitarios que participan directamente en las labores de respuesta.
La Organización Mundial de la Salud confirmó que el brote corresponde al virus de la especie Bundibugyo, para la cual actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado, aunque se desarrollan investigaciones y ensayos para encontrar herramientas eficaces contra la enfermedad.
El impacto sobre los trabajadores sanitarios también es significativo. Según los datos difundidos por Naciones Unidas, decenas de profesionales de la salud han resultado infectados durante la atención de pacientes.
La magnitud del brote ya supera a la epidemia registrada entre 2018 y 2020 en el este de la RDC, que hasta ahora era considerada la más mortífera en la historia del país.
Las autoridades y organismos internacionales mantienen esfuerzos de vigilancia, rastreo de contactos, atención médica y participación comunitaria, pero Naciones Unidas insiste en que se necesitan mayores recursos para evitar que la epidemia continúe avanzando.
La falta de financiación representa uno de los principales obstáculos para ampliar la respuesta sanitaria y garantizar que los equipos puedan continuar trabajando en las zonas afectadas
