
El sismo de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto también deja 4,439 heridos, 240 desaparecidos y miles de viviendas destruidas o afectadas
La cifra de personas fallecidas por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto ascendió a 331, de acuerdo con un nuevo informe presentado este lunes por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
El balance de las autoridades también reporta 4,439 personas heridas, mientras que 240 permanecen desaparecidas y 364 personas han sido rescatadas desde que ocurrió el fuerte movimiento sísmico.
El terremoto tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en el oeste de Colombia, y provocó una emergencia de gran magnitud que se extendió por diferentes zonas del país.
Según el informe de la UNGRD, el sismo afectó a 494 municipios distribuidos en 16 departamentos, dejando un total de 361,353 personas damnificadas.
La magnitud de los daños también se refleja en la infraestructura. Las autoridades contabilizan 178,555 viviendas averiadas y otras 31,540 completamente destruidas como consecuencia del terremoto y sus efectos.
Además de las viviendas, al menos 5,884 edificios sufrieron algún tipo de daño, mientras que otros 603 colapsaron completamente.
Las cifras muestran la dimensión de una emergencia que ha obligado a las autoridades colombianas a mantener las labores de atención, rescate y asistencia a las comunidades afectadas.
Desde las primeras horas posteriores al terremoto, organismos de emergencia y equipos de rescate han trabajado en diferentes puntos para localizar personas desaparecidas, atender a los heridos y evaluar los daños ocasionados por el movimiento telúrico.
La cantidad de personas damnificadas representa uno de los principales desafíos para las autoridades, debido a la necesidad de proporcionar alojamiento, alimentación, atención médica y otros servicios básicos a las familias que perdieron sus viviendas o que no pueden regresar a ellas debido a los daños estructurales.
La destrucción de decenas de miles de viviendas también plantea un reto para la etapa de recuperación, que deberá incluir la reparación de estructuras que puedan ser rehabilitadas y la reconstrucción de aquellas que quedaron completamente destruidas.
El impacto sobre edificios e infraestructura aumenta además las dificultades para recuperar la normalidad en las comunidades afectadas.
El terremoto ocurrió el 10 de agosto y, dos semanas después, el número de víctimas continúa aumentando a medida que los equipos de emergencia avanzan en las evaluaciones y actualizan la información procedente de las zonas afectadas.
La cifra de 331 fallecidos convierte al terremoto en una de las emergencias naturales más graves registradas recientemente en Colombia.
Los 240 desaparecidos mantienen activa la búsqueda de posibles sobrevivientes y la identificación de personas cuyo paradero todavía no ha podido ser establecido por las autoridades.
Mientras continúan las labores de atención, el Gobierno colombiano y los organismos encargados de la gestión de riesgos enfrentan el desafío de coordinar la asistencia para cientos de miles de personas afectadas.
El balance de la UNGRD también permite dimensionar el impacto económico y social de la tragedia: más de 178,000 viviendas presentan daños, mientras que otras 31,000 quedaron destruidas.
A esto se suman los daños registrados en miles de edificaciones, lo que requerirá una evaluación detallada de la infraestructura antes de iniciar una recuperación a largo plazo.
Las autoridades mantienen las operaciones de respuesta y asistencia mientras continúa el levantamiento de información en los municipios afectados.
La emergencia deja hasta ahora un saldo de 331 muertos, 4,439 heridos, 240 desaparecidos y 364 personas rescatadas, además de cientos de miles de damnificados que ahora enfrentan las consecuencias de uno de los terremotos más devastadores registrados en el país en los últimos años.
