
La regla de los cinco minutos se ha convertido en una estrategia sencilla para combatir la procrastinación en las tareas cotidianas. El método consiste en comprometerse a realizar durante apenas cinco minutos una actividad que se ha estado evitando, con el objetivo de reducir la resistencia inicial y facilitar el comienzo.
La propuesta tiene relación con investigaciones psicológicas que señalan que postergar una tarea no siempre responde a una mala organización del tiempo, sino también a las emociones negativas que aparecen antes de empezar, como aburrimiento, ansiedad, inseguridad o incomodidad.
El psicólogo Timothy Pychyl, de la Universidad de Carleton, ha estudiado durante años la procrastinación y sostiene que esta conducta está estrechamente vinculada con la regulación emocional.
