
Un estudio revela que el 22 % utiliza estas herramientas para conversar o buscar apoyo emocional, mientras otro grupo las emplea para hablar de temas que no compartiría con otras personas
La relación entre los jóvenes y la inteligencia artificial está evolucionando más allá de los ámbitos académico, laboral o informativo y comienza a ocupar espacios tradicionalmente asociados con las relaciones personales.
Un estudio realizado por Kaspersky revela que el 22 % de los jóvenes latinoamericanos pertenecientes a la Generación Z utiliza herramientas de inteligencia artificial como una especie de amiga para conversar o buscar apoyo emocional.
El dato refleja un cambio en la manera en que una parte de las nuevas generaciones interactúa con estas tecnologías.
Hasta hace pocos años, los sistemas de inteligencia artificial eran utilizados principalmente para buscar información, resolver dudas, estudiar, realizar tareas o facilitar determinadas actividades laborales.
Sin embargo, el desarrollo de herramientas capaces de mantener conversaciones cada vez más naturales ha provocado que algunos usuarios comiencen a establecer con ellas interacciones de carácter más personal.
De acuerdo con la investigación, el 21 % de los jóvenes consultados recurre a estas herramientas para conversar sobre preguntas, situaciones o asuntos que preferiría no compartir con otras personas.
Este comportamiento muestra que la inteligencia artificial está comenzando a ocupar un espacio que anteriormente estaba reservado principalmente para amigos, familiares, parejas u otras personas de confianza.
La posibilidad de conversar de manera inmediata y sin temor a ser juzgado puede ser uno de los factores que expliquen el atractivo de estas herramientas para determinados usuarios.
Para algunos jóvenes, interactuar con una inteligencia artificial puede resultar más sencillo cuando desean expresar pensamientos, dudas o preocupaciones que consideran difíciles de compartir con alguien de su entorno.
La tendencia también plantea nuevas preguntas sobre la relación entre tecnología y bienestar emocional.
Aunque las herramientas de inteligencia artificial pueden ofrecer conversación, orientación general o acompañamiento momentáneo, no sustituyen las relaciones humanas ni la atención profesional cuando una persona enfrenta situaciones que requieren ayuda especializada.
El crecimiento de este tipo de interacción también está relacionado con la facilidad de acceso a las plataformas de inteligencia artificial.
Los jóvenes pueden utilizarlas desde teléfonos inteligentes, computadoras y otros dispositivos, prácticamente en cualquier momento y lugar.
A diferencia de una conversación con otra persona, estas herramientas pueden estar disponibles de manera permanente, lo que puede reforzar la sensación de compañía para determinados usuarios.
El estudio de Kaspersky evidencia así que la inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa de uso entre los jóvenes latinoamericanos.
La tecnología ya no solamente funciona como una herramienta para producir textos, resolver problemas o buscar información, sino que comienza a formar parte de determinadas dinámicas personales.
El 22 % que afirma utilizarla como una amiga para conversar o buscar apoyo emocional representa una proporción significativa y plantea interrogantes sobre cómo podrían evolucionar estas relaciones en los próximos años.
También resulta relevante el dato de que el 21 % utiliza la IA para hablar sobre asuntos que no compartiría con otras personas.
Esto puede estar relacionado con la percepción de privacidad o con la comodidad que algunos usuarios sienten al comunicarse con una herramienta que responde sin las mismas dinámicas sociales de una conversación humana.
No obstante, la creciente confianza depositada en estos sistemas también hace necesario que los usuarios comprendan sus limitaciones.
Una inteligencia artificial puede generar respuestas que parezcan empáticas o comprensivas, pero no experimenta emociones ni mantiene una relación humana en el sentido tradicional.
Además, las respuestas proporcionadas por estos sistemas pueden contener errores y no necesariamente representan una orientación adecuada para situaciones personales complejas.
El fenómeno también abre un debate sobre el papel que las empresas tecnológicas deben asumir en el desarrollo de herramientas utilizadas para conversaciones relacionadas con emociones y bienestar.
A medida que aumenta el número de personas que recurre a la IA para asuntos personales, adquieren mayor importancia aspectos como la privacidad, la protección de datos y la seguridad de los usuarios.
Para la Generación Z, que ha crecido en un entorno marcado por la presencia constante de internet, las redes sociales y los dispositivos digitales, la interacción con sistemas de inteligencia artificial puede convertirse progresivamente en una experiencia cotidiana.
La diferencia ahora radica en que estas herramientas no solo permiten consumir información, sino también mantener conversaciones personalizadas.
Este cambio podría modificar la forma en que las nuevas generaciones entienden la relación entre tecnología y compañía.
El desafío consiste en aprovechar las posibilidades que ofrecen estas herramientas sin perder de vista la importancia de las relaciones humanas y de las redes de apoyo reales.
La inteligencia artificial puede convertirse en un recurso adicional para conversar, aprender o buscar información, pero su creciente presencia en espacios emocionales también exige un uso responsable.
Los resultados del estudio muestran que esta transformación ya está ocurriendo.
Con más de uno de cada cinco jóvenes latinoamericanos de la Generación Z utilizando la IA para conversar sobre asuntos que preferiría no compartir con otras personas y un 22 % recurriendo a ella como una “amiga”, la tecnología comienza a ocupar un lugar cada vez más cercano a la vida personal de sus usuarios.
