miércoles, septiembre 2

Francina Hungría revela las secuelas que aún enfrenta tras el asalto que le hizo perder la visión

La ingeniera civil aseguró que vive con estrés postraumático y que no quiere continuar encontrándose en los tribunales con los responsables del ataque

La ingeniera civil Francina Hungría volvió a hablar sobre las consecuencias físicas y emocionales que ha enfrentado desde el asalto ocurrido el 23 de noviembre de 2012, cuando recibió un disparo durante un intento de robo de su vehículo que le provocó la pérdida de la visión.

Más de una década después del hecho, Hungría explicó que las consecuencias del ataque continúan formando parte de su vida cotidiana y que debe enfrentar diariamente las secuelas que dejó aquel episodio.

La profesional recordó que el disparo impactó sus ojos durante el asalto, cambiando de manera radical su vida y obligándola a adaptarse a una realidad completamente diferente.

Durante sus declaraciones, Hungría también se refirió al impacto emocional que ha tenido el hecho y explicó que continúa enfrentando dificultades relacionadas con la experiencia traumática.

“Vivo con estrés postraumático, tengo que medicarme para poder dormir”, expresó al describir parte de las consecuencias que todavía experimenta.

Sus palabras reflejan que las secuelas de un hecho violento pueden extenderse mucho más allá del momento en que ocurre el delito y permanecer durante años.

Además de las dificultades asociadas a la pérdida de la visión, Hungría ha tenido que afrontar las consecuencias psicológicas derivadas de haber sido víctima de un ataque armado.

La ingeniera civil manifestó también su deseo de no continuar participando en encuentros judiciales con las personas que se encuentran privadas de libertad por el ataque.

Para Hungría, volver a encontrarse con los responsables del hecho representa una experiencia que preferiría no repetir, debido a la carga emocional que puede generar recordar nuevamente las circunstancias en las que perdió la visión.

El caso de Francina Hungría se convirtió desde 2012 en uno de los episodios que generaron mayor indignación en torno a la violencia y los asaltos en República Dominicana.

El ataque ocurrió mientras intentaban despojarla de su vehículo y terminó provocándole lesiones que cambiaron permanentemente su vida.

A lo largo de los años, Hungría ha contado públicamente parte de su proceso de adaptación y las dificultades que ha debido superar después del hecho.

Su testimonio vuelve a poner de manifiesto las consecuencias que pueden experimentar las víctimas de delitos violentos incluso después de que el proceso judicial avance.

La pérdida de la visión representa una transformación profunda en la vida cotidiana y puede requerir procesos prolongados de adaptación, rehabilitación y aprendizaje para desarrollar nuevamente actividades que antes se realizaban con normalidad.

En el caso de Hungría, a estas dificultades físicas se suman las consecuencias emocionales que ella misma ha descrito.

El estrés postraumático y los problemas para conciliar el sueño forman parte de las secuelas que, según sus propias declaraciones, todavía enfrenta.

La situación también plantea la complejidad que pueden tener los procesos judiciales para las víctimas de delitos graves, especialmente cuando deben volver a encontrarse con las personas relacionadas con el hecho que les provocó daños permanentes.

Aunque la justicia busca establecer responsabilidades y garantizar el debido proceso, para una víctima estos encuentros pueden representar una experiencia emocionalmente difícil.

Hungría ha expresado claramente que no desea continuar viviendo ese tipo de situaciones y que preferiría evitar nuevos encuentros en los tribunales con las personas que están presas por el ataque.

Su testimonio pone nuevamente el foco en la necesidad de considerar las consecuencias que los procesos judiciales pueden tener sobre las víctimas, especialmente en casos donde existen lesiones permanentes y afectaciones psicológicas.

Más de 13 años después del asalto, la experiencia continúa presente en su vida.

La historia de Francina Hungría recuerda que las consecuencias de la violencia no terminan necesariamente con la captura o condena de los responsables. Para las víctimas, el impacto puede continuar durante años y manifestarse tanto en el ámbito físico como en el emocional.

Su relato representa también un llamado a prestar atención a las necesidades de quienes sobreviven a hechos violentos y deben reconstruir sus vidas después de sufrir consecuencias que pueden ser permanentes.

Mientras el proceso judicial ha continuado su curso, Hungría enfrenta en su día a día una realidad marcada por la pérdida de la visión y por las secuelas emocionales que, según afirma, todavía requieren tratamiento.

Su deseo de no volver a encontrarse con los responsables refleja el peso que todavía tiene aquel episodio en su vida y la necesidad de avanzar hacia una etapa en la que pueda concentrarse en su bienestar y en las herramientas necesarias para seguir adelante.

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