
El sistema MoMo estima 5,232 fallecimientos asociados a las altas temperaturas desde el inicio del seguimiento preventivo en mayo
España registró este verano la cifra más elevada de muertes atribuibles a las altas temperaturas desde que comenzó la serie histórica del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), en 2015.
Según los datos divulgados este lunes, desde el 15 de mayo, cuando comenzó el seguimiento preventivo específico por altas temperaturas, el sistema estima un total de 5,232 fallecimientos relacionados con el calor.
La cifra convierte al verano de 2026 en el período con mayor mortalidad atribuida a las altas temperaturas desde el inicio de los registros del sistema, en un contexto marcado por episodios de calor intenso y prolongado en diferentes zonas del territorio español.
Agosto concentró una parte especialmente importante de estas muertes. Durante ese mes se contabilizaron más de 2,100 fallecimientos que el sistema atribuye a las altas temperaturas.
Los datos muestran además que las personas de edad avanzada fueron las más afectadas por este fenómeno.
El calor extremo puede representar un riesgo especialmente elevado para los adultos mayores debido a que con el envejecimiento pueden disminuir algunos mecanismos naturales del organismo para regular la temperatura corporal.
A esto se pueden sumar enfermedades crónicas, tratamientos médicos y otras condiciones que aumentan la vulnerabilidad frente a períodos prolongados de temperaturas elevadas.
Las altas temperaturas también pueden provocar una mayor pérdida de líquidos y sales minerales, aumentar la carga sobre el sistema cardiovascular y agravar determinadas enfermedades preexistentes.
Por esa razón, las autoridades sanitarias mantienen especial atención sobre las personas mayores durante los episodios de calor extremo.
El sistema MoMo permite realizar un seguimiento de la mortalidad diaria y estimar excesos de fallecimientos asociados a diferentes factores, entre ellos las temperaturas elevadas.
En el caso de las altas temperaturas, las estimaciones buscan identificar el impacto que tienen los episodios de calor sobre la mortalidad de la población.
La cifra de 5,232 muertes estimadas desde el 15 de mayo no significa necesariamente que cada fallecimiento haya sido certificado individualmente como una muerte causada exclusivamente por el calor. Se trata de una estimación estadística de mortalidad atribuible a las temperaturas registradas durante el período analizado.
Esta distinción es importante para interpretar correctamente los datos.
El aumento de la mortalidad durante períodos de calor intenso puede estar relacionado con diferentes mecanismos y con el agravamiento de enfermedades que ya padecían algunas de las personas fallecidas.
El impacto puede ser especialmente importante cuando las temperaturas permanecen elevadas durante varios días consecutivos, ya que el organismo dispone de menos oportunidades para recuperarse de la exposición al calor.
Los episodios de altas temperaturas también pueden afectar el sueño, aumentar el agotamiento y favorecer la deshidratación, factores que pueden resultar particularmente perjudiciales para las personas más vulnerables.
Durante este verano, España ha experimentado varios episodios de temperaturas elevadas que han obligado a las autoridades a mantener activas diferentes medidas de prevención.
Las recomendaciones sanitarias durante estos períodos incluyen mantener una adecuada hidratación, evitar la exposición directa al sol durante las horas de mayor calor y prestar especial atención a las personas mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas.
También se recomienda mantener los espacios interiores lo más frescos posible y evitar realizar actividades físicas intensas durante las horas de temperaturas más elevadas.
El récord registrado por MoMo vuelve a colocar sobre la mesa el impacto que pueden tener las altas temperaturas sobre la salud pública.
Aunque el calor suele asociarse principalmente con situaciones de emergencia como los golpes de calor, sus efectos pueden ser mucho más amplios.
Las temperaturas extremas pueden agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otras condiciones médicas, provocando un aumento de la mortalidad durante los períodos más intensos.
Los adultos mayores constituyen uno de los grupos que requiere mayor protección.
En muchos casos, pueden no percibir la sensación de sed con la misma intensidad que las personas más jóvenes, lo que puede aumentar el riesgo de deshidratación.
Además, quienes viven solos pueden enfrentar mayores dificultades para recibir asistencia durante los días más calurosos.
Por ello, las autoridades sanitarias suelen recomendar que familiares, vecinos y cuidadores mantengan contacto frecuente con las personas mayores durante las olas de calor.
El objetivo es detectar rápidamente síntomas como debilidad, mareos, confusión, dolor de cabeza o una alteración importante del estado general.
La cifra acumulada durante 2026 también evidencia la importancia de los sistemas de vigilancia epidemiológica y meteorológica para anticipar los períodos de mayor riesgo.
El seguimiento de la mortalidad permite a las autoridades conocer con mayor rapidez cuándo un episodio de calor puede estar teniendo un impacto significativo sobre la población.
Con más de 2,100 muertes estimadas durante agosto, este mes se convirtió en uno de los períodos de mayor impacto dentro de la temporada.
La acumulación de fallecimientos desde mediados de mayo demuestra además que el riesgo no se limita necesariamente a los días considerados como los más extremos del verano.
Las temperaturas elevadas durante períodos prolongados pueden generar un efecto acumulativo sobre determinados sectores de la población.
Los datos divulgados este lunes representan así una nueva señal sobre las consecuencias sanitarias de los episodios de calor intenso.
España ya había registrado en años anteriores un aumento significativo de la mortalidad durante períodos de altas temperaturas, pero las cifras de este verano superan los registros disponibles desde que comenzó la serie histórica del MoMo.
El fenómeno también plantea desafíos para los servicios sanitarios, los sistemas de atención a personas dependientes y las autoridades encargadas de responder ante emergencias meteorológicas.
La protección de los grupos vulnerables, especialmente los adultos mayores, continúa siendo una de las principales prioridades durante los episodios de calor.
Mientras las temperaturas extremas siguen representando una amenaza para la salud, las autoridades insisten en la necesidad de adoptar medidas preventivas antes de que aparezcan los síntomas más graves.
El balance de este verano deja una cifra especialmente preocupante: 5,232 fallecimientos estimados como atribuibles a las altas temperaturas desde el 15 de mayo.
El dato, además de marcar un récord desde el inicio de la serie MoMo en 2015, vuelve a evidenciar que el calor extremo constituye un problema de salud pública con consecuencias que pueden ir mucho más allá de las molestias habituales asociadas al verano.
