
El CNIO investiga cómo bacterias probióticas modificadas podrían utilizarse para generar terapias antitumorales directamente en el intestino
Una nueva línea de investigación científica busca explorar el potencial de las bacterias probióticas como herramientas para desarrollar tratamientos contra el cáncer. El proyecto es impulsado por el químico Nicola D’Amelio, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
La estrategia parte de la posibilidad de modificar determinadas bacterias probióticas para convertirlas en vehículos capaces de producir sustancias con potencial terapéutico dentro del organismo.
Uno de los objetivos de esta investigación es conseguir que estos microorganismos puedan generar terapias antitumorales directamente en el intestino, aprovechando el entorno del sistema digestivo para administrar determinadas moléculas de interés.
La propuesta representa una aproximación diferente a los tratamientos convencionales, ya que busca utilizar microorganismos modificados como una especie de plataforma biológica capaz de producir sustancias destinadas a combatir células tumorales.
El proyecto se encuentra en una etapa de investigación científica, por lo que todavía no significa que el yogur pueda utilizarse como tratamiento contra el cáncer ni que consumir productos probióticos tenga por sí mismo efectos para curar esta enfermedad.
La importancia de la investigación radica en explorar nuevas formas de administrar terapias y conseguir que determinados tratamientos actúen de manera más localizada dentro del organismo.
El trabajo de D’Amelio y su equipo se suma así a las investigaciones que buscan aprovechar el potencial de los microorganismos y la microbiota para desarrollar nuevas herramientas dentro de la lucha contra el cáncer.
Si los estudios consiguen demostrar la seguridad y eficacia de esta estrategia, las bacterias probióticas modificadas podrían convertirse en una plataforma de interés para futuras terapias oncológicas.
Por ahora, los investigadores continúan trabajando para determinar hasta qué punto esta tecnología puede ser utilizada de manera segura y efectiva en pacientes, por lo que serán necesarios nuevos estudios antes de considerar cualquier aplicación clínica.
