sábado, septiembre 26

Presupuesto de programas agrícolas cae hasta 87 % en cinco años, según economista Mercedes Carrasco

El presupuesto destinado a programas vinculados con el desarrollo del campo dominicano experimentó reducciones de entre 45 % y 87 % durante los últimos cinco años, de acuerdo con un análisis presentado por la economista Mercedes Carrasco.

Carrasco considera que el comportamiento de estas partidas presupuestarias refleja una disminución de la importancia otorgada al sector agropecuario dentro de las prioridades de la administración del presidente Luis Abinader.

La economista centra su análisis en programas ejecutados por el Ministerio de Agricultura, particularmente aquellos relacionados con el fomento de la producción agrícola y la transferencia de tecnología al sector productivo.

Según su planteamiento, ambas áreas han reducido de manera significativa su participación dentro del presupuesto ejecutado por la institución durante el período analizado.

El programa de fomento de la producción agrícola tiene como propósito respaldar las actividades productivas del campo, mientras que la transferencia tecnológica está relacionada con la incorporación de conocimientos, herramientas y procesos que pueden contribuir a mejorar la productividad de los agricultores.

Para Carrasco, la disminución de los recursos destinados a estos programas constituye una señal sobre el nivel de prioridad que tiene actualmente el sector agropecuario dentro de la planificación del gasto público.

El análisis adquiere relevancia debido al papel que desempeña la agricultura en la producción de alimentos, la generación de empleos y la actividad económica de numerosas comunidades rurales del país.

La reducción presupuestaria señalada también abre el debate sobre la capacidad del Estado para mantener programas de apoyo a los productores y promover la modernización de las actividades agrícolas.

La transferencia tecnológica es uno de los componentes considerados importantes para mejorar los procesos de producción, debido a que permite incorporar nuevas técnicas y herramientas que pueden contribuir a elevar el rendimiento de los cultivos.

De igual manera, el respaldo financiero a la producción agrícola puede incidir en la capacidad de los productores para enfrentar los costos de sus actividades y responder a los desafíos que plantea el mercado.

Carrasco plantea que la disminución registrada en estas partidas debe ser analizada dentro del comportamiento general del presupuesto del Ministerio de Agricultura y de las prioridades establecidas por el Gobierno durante los últimos cinco años.

El señalamiento no implica que todos los recursos destinados al sector agropecuario hayan disminuido en la misma proporción, sino que se refiere específicamente a los programas analizados por la economista.

El comportamiento de estas partidas presupuestarias también genera interrogantes sobre las políticas públicas dirigidas a fortalecer la producción nacional y reducir vulnerabilidades relacionadas con la disponibilidad de alimentos.

El sector agropecuario enfrenta desafíos vinculados con el acceso a tecnología, financiamiento, infraestructura, costos de producción, condiciones climáticas y comercialización.

En ese contexto, los programas públicos de apoyo pueden desempeñar un papel importante para acompañar a los productores, especialmente a quienes tienen mayores dificultades para acceder por cuenta propia a nuevas tecnologías y mecanismos de modernización.

La discusión sobre el presupuesto agrícola también se relaciona con la necesidad de determinar cuáles áreas deben recibir mayores niveles de inversión para garantizar el crecimiento sostenible del campo dominicano.

El análisis de Mercedes Carrasco coloca nuevamente el gasto público agropecuario en el centro del debate económico y plantea interrogantes sobre la dirección de las políticas destinadas al sector.

La valoración de la economista corresponde a su interpretación del comportamiento presupuestario durante los últimos cinco años. La magnitud de las reducciones señaladas deberá analizarse a partir de las partidas específicas, los presupuestos aprobados y los niveles de ejecución correspondientes a cada período.

El debate queda abierto sobre el nivel de inversión que requiere el campo dominicano para mejorar su productividad, incorporar tecnología y fortalecer la capacidad de producción nacional.

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