miércoles, septiembre 30

¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?

El miedo a generar conflictos, ser rechazados o dejar de agradar puede llevar a muchas personas a aceptar situaciones que realmente no desean

Recibir un mensaje de WhatsApp de un amigo o familiar solicitando un favor puede parecer una situación cotidiana. Sin embargo, para algunas personas, responder negativamente puede convertirse en un verdadero desafío. Aunque sepan que no quieren aceptar la petición, terminan escribiendo frases como “sí”, “está bien” o “no hay problema” para evitar quedar mal.

Decir “no” es una respuesta sencilla desde el punto de vista del lenguaje, pero emocionalmente puede resultar mucho más compleja. Detrás de esa dificultad suelen existir preocupaciones relacionadas con la aceptación, el rechazo y la necesidad de mantener buenas relaciones con los demás.

La coach de relaciones humanas Pilly Rodríguez Salcedo explicó a El Nacional que muchas personas aprendieron que decir “sí” era una manera de pertenecer, agradar o evitar conflictos. Por eso, el verdadero obstáculo no necesariamente está en pronunciar la palabra “no”, sino en las consecuencias que la persona imagina que podrían venir después.

“Que alguien se moleste, que nos rechace o que dejemos de ser la persona que los demás esperan”, son algunos de los temores que, según Rodríguez Salcedo, pueden estar detrás de esta dificultad.

Este patrón puede hacer que una persona termine aceptando compromisos que no quiere asumir, prestando ayuda cuando no tiene tiempo o dejando de expresar sus propias necesidades para satisfacer las expectativas de los demás.

Establecer límites, por tanto, requiere reconocer que negarse a una petición no equivale necesariamente a rechazar a la persona que la formula. Una respuesta negativa puede ser simplemente una manera de comunicar que no se cuenta con el tiempo, la disposición o las condiciones necesarias para hacer algo.

También puede ser útil diferenciar entre querer ayudar y sentirse obligado a hacerlo. Cuando la respuesta afirmativa nace únicamente del miedo a generar una reacción negativa, la persona puede terminar acumulando frustración o agotamiento.

Aprender a decir “no” de manera clara y respetuosa permite establecer relaciones en las que las necesidades de ambas partes puedan ser expresadas. No se trata de rechazar todas las solicitudes, sino de poder elegir cuándo aceptar y cuándo poner un límite sin sentir que hacerlo convierte a alguien en una mala persona.

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