
Una nueva tendencia ha comenzado a llamar la atención en la política de América Latina: cinco presidentes de la región son hijos de mandatarios o de destacados líderes políticos de sus respectivos países, una cifra que, según el análisis difundido por CNN, no tiene precedentes en la era moderna.
El fenómeno no responde necesariamente a una corriente ideológica común ni a la influencia directa del presidente estadounidense Donald Trump, sino al peso que continúan teniendo las familias, los apellidos y las redes de poder en la política regional.
Mónica Montaño, investigadora y coordinadora del Observatorio Político-Electoral de la Universidad de Guadalajara, explicó a CNN que aproximadamente el 20 % de los políticos analizados cuentan con algún tipo de capital familiar. A su juicio, esto demuestra que la actividad política en algunas regiones continúa dependiendo de estructuras familiares y de las conexiones construidas por las élites.
La especialista señaló que un apellido conocido puede representar una ventaja importante durante una campaña electoral, debido a que permite al candidato partir de un nivel de reconocimiento superior al de otros aspirantes. En ese sentido, el apellido puede convertirse prácticamente en una marca política.
El fenómeno no es exclusivo de América Latina, aunque los expertos señalan diferencias entre regiones. Mientras el peso del capital familiar sería menor en Europa y Estados Unidos, tendría una presencia mayor en algunas zonas de Asia y África.
La tendencia, además, podría crecer antes de que termine 2026, ya que existe la posibilidad de que otro dirigente con vínculos familiares con figuras políticas llegue a la presidencia de un país de la región, reavivando el debate sobre el nepotismo, las élites y la renovación de la clase política latinoamericana.

