lunes, octubre 19

Dinorah García Romero plantea seis claves para un liderazgo estratégico efectivo en la educación superior

La rectora del ISFODOSU destaca la confianza, la coherencia institucional y la participación académica como pilares de una gestión educativa efectiva

El liderazgo estratégico en la educación superior requiere mucho más que habilidades administrativas. También demanda la capacidad de construir relaciones de confianza, mantener coherencia entre los principios que se defienden y las decisiones que se toman, así como generar condiciones para que docentes, estudiantes y personal administrativo participen en la vida institucional.

Esta visión es planteada por Dinorah García Romero, rectora del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU), en su artículo de opinión titulado Liderazgo estratégico efectivo en educación superior, en el que propone seis aspectos que pueden servir de orientación para la gestión de las instituciones académicas.

Uno de los elementos señalados es la identificación con la misión institucional, que implica procurar que las decisiones de los equipos directivos se correspondan con los objetivos, valores y compromisos de la organización. Desde esta perspectiva, la gestión debe mantener una dirección clara y vincular sus acciones con el propósito educativo de la institución.

La confianza constituye otro de los pilares de la propuesta. Su fortalecimiento requiere promover relaciones abiertas entre los diferentes integrantes de la comunidad académica, de manera que la comunicación y el intercambio contribuyan a una convivencia institucional favorable.

García Romero también destaca la humildad académica, entendida como la disposición de quienes dirigen a escuchar, aprender y revisar sus propias ideas. Este enfoque reconoce la importancia de mantener una actitud abierta ante otras perspectivas y de considerar los aportes de quienes forman parte de la institución.

La coherencia es otro aspecto fundamental. Para la educadora, resulta importante que las decisiones y las prácticas institucionales guarden correspondencia con los principios y valores que se promueven. La relación entre el discurso y las actuaciones de los responsables de la gestión forma parte de las condiciones necesarias para construir credibilidad y confianza.

En cuanto a la participación democrática, la propuesta plantea ampliar las oportunidades para que los distintos sectores de la comunidad académica intervengan en las decisiones institucionales. La participación permite incorporar diversas perspectivas en los procesos de gestión y reconocer el papel de docentes, estudiantes y personal administrativo en la dinámica de la institución.

El sexto aspecto se refiere al apoyo a la investigación y la tecnología. Este componente plantea la necesidad de crear condiciones que favorezcan la producción científica y la incorporación de herramientas tecnológicas pertinentes para las necesidades de las instituciones de educación superior.

En conjunto, los seis aspectos presentados por García Romero proponen una visión del liderazgo educativo centrada tanto en la dirección institucional como en las relaciones humanas, la participación y el fortalecimiento de las capacidades académicas.

La reflexión sitúa la gestión de la educación superior ante el reto de mantener una misión institucional definida, promover una cultura de confianza y coherencia, escuchar a su comunidad y respaldar la investigación y la innovación tecnológica como parte de su desarrollo.

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