
Una investigación publicada en Nature Communications encontró cambios en la microbiota intestinal y mejoras en algunos indicadores del estado de ánimo y la memoria, tanto con café tradicional como descafeinado
El café podría tener efectos que van más allá de aumentar la energía y mantener a las personas despiertas. Una investigación desarrollada por científicos de la University College Cork, en Irlanda, encontró que el consumo de esta bebida puede influir en la microbiota intestinal y relacionarse con cambios en el estrés, el estado de ánimo y determinadas funciones cognitivas.
El estudio, publicado el 21 de abril de 2026 en la revista científica Nature Communications, examinó el denominado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional entre el aparato digestivo y el cerebro que permite estudiar cómo los microorganismos intestinales pueden relacionarse con procesos emocionales y cognitivos.
Para realizar la investigación, los científicos evaluaron a 62 adultos: 31 consumidores habituales de café y 31 personas que no acostumbraban tomarlo. Los participantes fueron sometidos a pruebas psicológicas y cognitivas, además de análisis de muestras de heces y orina. Posteriormente, los consumidores habituales dejaron de tomar café durante dos semanas y luego lo reintrodujeron, con cafeína o descafeinado, durante tres semanas.
Los resultados mostraron que, tras reanudar el consumo, ambos grupos de participantes presentaron reducciones en las puntuaciones relacionadas con el estrés percibido, los síntomas depresivos y la impulsividad. Los investigadores también identificaron cambios en la composición y la actividad metabólica de la microbiota intestinal, incluidas variaciones en determinadas bacterias.
Sin embargo, los posibles efectos variaron según el tipo de café. Los participantes que consumieron la versión descafeinada mostraron mejoras en determinadas pruebas de aprendizaje y memoria, mientras que quienes tomaron café con cafeína registraron cambios favorables en algunos indicadores de ansiedad, atención y vigilancia. Los autores plantean que otros componentes de la bebida, como los polifenoles, podrían contribuir a algunos de estos resultados.
Pese a los hallazgos, los investigadores advierten que los resultados no demuestran que el café pueda prevenir o tratar la depresión ni sustituyen la atención médica. El tamaño reducido de la muestra y la duración limitada de la intervención también obligan a interpretar los resultados con cautela. La investigación, no obstante, aporta nuevas evidencias para comprender cómo la alimentación y la microbiota intestinal podrían relacionarse con el bienestar emocional y el funcionamiento cognitivo.
