
Welthungerhilfe advierte sobre una situación alarmante y señala que los conflictos armados representan un factor de riesgo para la seguridad alimentaria y la estabilidad internacional
El hambre en el mundo ha aumentado en comparación con los niveles registrados en 2018, una evolución que complica el cumplimiento del objetivo internacional de erradicar este problema para 2030. La persistencia de millones de personas en condiciones de inseguridad alimentaria evidencia la dificultad de alcanzar esa meta y plantea nuevos desafíos para las organizaciones que trabajan en la lucha contra la pobreza y la desnutrición.
Entre los factores que contribuyen a esta situación se encuentran las guerras y los conflictos armados, cuyos efectos pueden extenderse más allá de los territorios donde se producen los enfrentamientos. Las consecuencias de estos escenarios pueden afectar la seguridad alimentaria y generar dificultades para las poblaciones que dependen de sistemas de producción, distribución y abastecimiento vulnerables a las crisis.
Marlehn Thieme, presidenta de Welthungerhilfe, una organización alemana dedicada a combatir el hambre, calificó el panorama de alarmante durante la presentación del informe anual de la entidad, publicado este miércoles. El documento analiza la relación entre el hambre y la seguridad, con especial atención a los factores que dificultan la protección de las condiciones necesarias para garantizar el acceso a los alimentos.
El informe fue elaborado en colaboración con el Instituto de Derecho para el Mantenimiento de la Paz y Derecho Internacional Humanitario (IFHV) de la Universidad de Bochum y la organización suiza Helvetas. La participación de estas instituciones reúne perspectivas relacionadas con la ayuda humanitaria, el análisis jurídico de los conflictos y los desafíos que enfrenta la seguridad alimentaria en diferentes regiones del mundo.
Durante la presentación, Thieme destacó que aproximadamente 645 millones de personas padecen hambre en todo el mundo. La cifra, según expresó, constituye una señal de alarma ante la magnitud del problema y la necesidad de prestar mayor atención a las condiciones que impiden que millones de personas tengan garantizada su alimentación.
La presidenta de Welthungerhilfe también cuestionó que la seguridad se aborde con demasiada frecuencia desde una perspectiva centrada exclusivamente en los aspectos militares. A su juicio, la seguridad alimentaria debe ocupar un lugar fundamental en ese debate, debido a su relación con la paz y la estabilidad. Su planteamiento subraya que la protección de las sociedades no depende únicamente de la capacidad de defensa, sino también de las condiciones básicas que permiten a sus habitantes vivir con dignidad.
Los conflictos armados pueden convertirse en un obstáculo para los esfuerzos humanitarios y para la estabilidad de las comunidades afectadas. Cuando las crisis se prolongan o repercuten en las condiciones de vida de la población, la alimentación pasa a formar parte de los desafíos que deben atender las autoridades y las organizaciones de asistencia. Además, los efectos de una guerra no necesariamente quedan limitados al territorio donde se desarrolla, ya que la seguridad alimentaria puede verse afectada por acontecimientos regionales con consecuencias más amplias.
El aumento del hambre respecto a 2018 también pone de relieve la distancia que aún separa a la comunidad internacional de la meta fijada para 2030. Aunque ese objetivo busca poner fin al hambre, la persistencia del problema muestra que alcanzar una solución requiere atender tanto las necesidades inmediatas de las personas afectadas como los factores que mantienen su vulnerabilidad.
Las advertencias presentadas por Welthungerhilfe sitúan la seguridad alimentaria como un componente esencial de la estabilidad internacional. La cifra de personas que padecen hambre y la influencia de los conflictos refuerzan la preocupación por el cumplimiento de los compromisos globales en esta materia, mientras se aproxima el plazo establecido para erradicar el hambre.
El informe anual de la organización busca llamar la atención sobre esa relación entre seguridad y alimentación. Su mensaje central, expuesto por Thieme durante la presentación, es que garantizar el acceso a los alimentos no debe considerarse un asunto separado de la paz, sino una condición importante para construir sociedades estables y responder a las crisis humanitarias.
