
Países como Suecia, Francia, Italia, Finlandia, Noruega y Dinamarca han adoptado medidas para regular el uso de dispositivos digitales, mientras crece el interés por los libros, el papel y otros recursos tradicionales
El avance de la tecnología transformó profundamente las aulas durante la última década, pero varios países europeos están revisando ahora hasta qué punto debe llegar la digitalización de la enseñanza. En lugar de abandonar por completo las herramientas tecnológicas, distintas autoridades educativas están impulsando un uso más equilibrado de las pantallas y recuperando recursos como los libros impresos, el lápiz y el papel.
Suecia es uno de los ejemplos más claros de este cambio de orientación. Después de años de promover ampliamente el uso de dispositivos digitales en las escuelas, el país comenzó a incrementar nuevamente la presencia de libros de texto físicos. Desde 2024, el Gobierno sueco ha destinado recursos para subsidiar libros y, a partir de 2026, la asignación anual para este propósito alcanza los 555 millones de coronas suecas, unos 52,5 millones de euros.
La decisión sueca está relacionada con una revisión de los resultados obtenidos durante años de digitalización. La OCDE ha señalado que el uso frecuente de tecnologías de la información y comunicación en determinadas actividades educativas no se traduce necesariamente en un mejor desempeño académico. En Suecia, algunos indicadores incluso muestran asociaciones negativas entre determinados usos de las TIC y el rendimiento.
Otros países también han adoptado restricciones, aunque con diferentes alcances. Un informe de la Comisión Europea publicado en 2026 documenta políticas sobre el uso de teléfonos móviles en las escuelas de distintos Estados miembros, incluyendo Francia, Italia y Suecia. Las medidas van desde prohibiciones durante determinadas horas hasta restricciones condicionadas o supervisadas.
En Noruega, por ejemplo, investigaciones sobre lectura escolar han encontrado diferencias entre el papel y la pantalla. Un estudio publicado en “Computers & Education” examinó a estudiantes de octavo grado y concluyó que la lectura en pantalla podía conducir a un procesamiento más superficial y dificultar la comprensión en determinadas circunstancias.
Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 33 estudios experimentales también encontró una pequeña ventaja de la lectura en papel sobre la lectura en pantalla en el rendimiento lector, aunque los resultados variaron según el tipo de texto y las características de la tarea.
La escritura a mano también forma parte de este debate. Sin embargo, la evidencia científica no respalda una conclusión absoluta de que escribir con lápiz sea siempre mejor que utilizar un teclado. Un estudio realizado con niños noruegos que estaban comenzando a escribir encontró evidencia de que no existían diferencias claras entre ambas modalidades en la calidad de sus textos.
Por eso, el cambio que se observa en Europa no debe interpretarse simplemente como una guerra entre tecnología y métodos tradicionales. La discusión está orientada cada vez más hacia cómo utilizar cada herramienta de acuerdo con el objetivo pedagógico.
La propia OCDE ha señalado que disponer de tecnología no garantiza por sí mismo mejores resultados educativos y que una digitalización efectiva requiere soluciones pedagógicas, además de recursos tecnológicos.
En este contexto, el regreso de los libros impresos, las bibliotecas escolares, el papel y la escritura manual representa más bien una revisión del modelo digital aplicado durante los últimos años. La tendencia apunta hacia aulas en las que las pantallas continúen teniendo un papel, pero compartan espacio con herramientas tradicionales que siguen siendo consideradas útiles para determinadas actividades de lectura, escritura y aprendizaje.
