
La institución busca que las personas con discapacidad puedan recuperar habilidades y también regresar a las aulas, incorporarse al trabajo y desarrollar una vida independiente
La Asociación Dominicana de Rehabilitación (ADR) desarrolla un proceso de atención que va más allá de la recuperación física de una persona después de un accidente, una enfermedad o una condición que limite sus capacidades. La institución procura que sus pacientes puedan recuperar herramientas que les permitan desenvolverse nuevamente con mayor autonomía.
Una persona puede llegar a la ADR con importantes limitaciones y, después de meses o incluso años de tratamiento, salir con una prótesis, nuevas habilidades y mayores posibilidades de realizar actividades por sí misma. Sin embargo, para la institución, ese resultado representa solo una parte del proceso.
Celso Marranzini, presidente de la junta directiva de la ADR, explicó que uno de los principales desafíos consiste en lograr que las personas puedan reintegrarse plenamente a la sociedad. Esto incluye la posibilidad de volver a estudiar, acceder a un empleo y sostener una vida independiente.
La visión de la entidad plantea así una rehabilitación que no se limita a los tratamientos médicos o terapéuticos, sino que también contempla la educación y la preparación para la vida productiva. El propósito es que los avances alcanzados durante la rehabilitación puedan traducirse en oportunidades concretas para los beneficiarios.
Durante el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, María Luisa Labernia, directora general de la ADR, explicó que la institución cuenta con siete escuelas nacionales en las que actualmente están inscritas 537 personas.
Estos centros forman parte de una estrategia educativa que acompaña a los beneficiarios desde las primeras etapas de su desarrollo hasta procesos de preparación orientados a la vida laboral. De esta manera, la educación se integra al proceso de rehabilitación como una herramienta para fortalecer la independencia.
El trabajo de la ADR también pone de relieve uno de los principales retos que enfrentan las personas con discapacidad después de completar una etapa de recuperación: la reintegración social. Recuperar una capacidad física o adquirir una nueva habilidad puede ser fundamental, pero la posibilidad de estudiar, trabajar y participar activamente en la sociedad también resulta determinante para alcanzar una mayor autonomía.
Con sus programas de rehabilitación y formación, la institución busca acompañar a sus beneficiarios durante distintas etapas, procurando que los avances obtenidos durante el proceso puedan convertirse en mayores oportunidades educativas, laborales y personales.
