
Breves estímulos sincronizados con las ondas cerebrales fueron asociados con un aumento de las ondas lentas y del movimiento del líquido cefalorraquídeo
El ruido rosa, utilizado habitualmente como sonido de fondo para dormir, está siendo estudiado por sus posibles efectos sobre la actividad cerebral durante el descanso. Una investigación del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encontró que determinados estímulos de este sonido, aplicados en momentos específicos del sueño, pueden reforzar las ondas lentas del cerebro.
El trabajo analizó qué ocurre cuando pequeñas ráfagas de ruido rosa son sincronizadas con la actividad cerebral de una persona mientras duerme. Los resultados apuntaron a cambios tanto en las ondas cerebrales como en el movimiento del líquido cefalorraquídeo.
Las ondas lentas son características de las etapas más profundas del sueño no REM y están relacionadas con procesos importantes que ocurren mientras el organismo permanece en reposo. En este caso, los investigadores se concentraron en la posibilidad de influir en esas ondas mediante estímulos auditivos cuidadosamente sincronizados.
El estudio, publicado en la revista Science Translational Medicine, señala que el momento en que se aplica el sonido podría ser determinante. En lugar de mantener un ruido constante durante toda la noche, la investigación utilizó estímulos breves ajustados a determinados momentos de la actividad cerebral.
Uno de los aspectos observados fue un aumento del movimiento del líquido cefalorraquídeo. Este fluido circula alrededor del cerebro y la médula espinal y cumple funciones importantes dentro del sistema nervioso central.
El ruido rosa se diferencia del conocido ruido blanco por la distribución de sus frecuencias. Mientras el ruido blanco presenta una distribución más uniforme de energía entre las frecuencias audibles, el ruido rosa concentra relativamente más energía en los tonos graves y reduce progresivamente los agudos.
Por esa característica, el ruido rosa suele compararse con sonidos naturales y continuos, como una lluvia constante, el viento o una cascada distante. Esa cualidad ha hecho que sea utilizado por algunas personas como sonido ambiental para facilitar la relajación o el sueño.
Sin embargo, los resultados de esta investigación se refieren a una aplicación específica y controlada del ruido rosa, sincronizada con la actividad cerebral, y no necesariamente significan que reproducir ruido rosa de manera convencional durante toda la noche produzca los mismos efectos.
El estudio abre una línea de investigación sobre cómo determinados estímulos auditivos podrían utilizarse para estudiar y eventualmente modular procesos asociados con el sueño y la actividad cerebral.
