
La doctora Vanina Farías, especialista en clínica médica, endocrinología y osteología, llamó a cambiar la manera en que la sociedad aborda la obesidad y a dejar atrás la idea de que esta condición depende exclusivamente de la fuerza de voluntad de quienes la padecen.
Bajo el mensaje “No es tu culpa: la obesidad es mucho más que fuerza de voluntad”, la especialista planteó la necesidad de reducir la estigmatización y la culpabilización que con frecuencia enfrentan las personas con obesidad.
Farías explicó que durante años predominó la percepción de que el paciente era el principal responsable de su condición. Sin embargo, la evidencia científica ha permitido comprender que la obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen diferentes factores.
Entre estos factores se encuentran la genética, los mecanismos biológicos y el entorno social, elementos que interactúan entre sí y pueden influir en el desarrollo y evolución de la enfermedad.
Esta visión coincide con la definición actual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que describe la obesidad como una enfermedad crónica y recurrente asociada a interacciones complejas entre genética, neurobiología, comportamiento alimentario, acceso a alimentos saludables y condiciones del entorno.
Las cifras internacionales muestran la magnitud del desafío. De acuerdo con la OMS, en 2022 había aproximadamente 890 millones de adultos viviendo con obesidad a nivel mundial. Ese mismo año, alrededor del 16 % de los adultos del planeta vivía con obesidad, mientras que la prevalencia mundial entre adultos había aumentado considerablemente desde 1990.
El impacto de la obesidad no se limita al peso corporal. La condición está asociada con un mayor riesgo de desarrollar diferentes enfermedades no transmisibles, entre ellas enfermedades cardiovasculares, diabetes y determinados tipos de cáncer.
La OMS señala que en 2021 el índice de masa corporal superior al nivel óptimo estuvo relacionado con aproximadamente 3,7 millones de muertes por enfermedades no transmisibles a nivel mundial.
El problema también representa una importante carga económica para los sistemas sanitarios. Las estimaciones de la OMS indican que, si no se adoptan medidas suficientes, los costos globales asociados al sobrepeso y la obesidad podrían alcanzar aproximadamente US$3 billones por año para 2030.
Estos datos han contribuido a que la obesidad sea abordada cada vez más como un problema de salud pública y no únicamente como una cuestión individual.
La especialista destacó precisamente la importancia de abandonar los prejuicios que pueden llevar a responsabilizar exclusivamente a los pacientes por su condición. El enfoque actual busca comprender los múltiples elementos que intervienen y facilitar el acceso a prevención, diagnóstico y tratamiento.
El entorno también desempeña un papel importante. La OMS señala que factores como la disponibilidad y el precio de alimentos saludables, las oportunidades para realizar actividad física y las condiciones sociales pueden influir en los patrones de alimentación y actividad de las personas.
Por esta razón, la respuesta al aumento de la obesidad requiere acciones que involucren tanto al sector sanitario como a otros ámbitos de la sociedad.
La prevención y el manejo de la obesidad pueden incluir cambios en la alimentación, actividad física y otras intervenciones médicas, dependiendo de las necesidades de cada paciente. La OMS también plantea que las personas diagnosticadas deben recibir orientación y seguimiento profesional adecuados.
El llamado de Farías se suma así a una perspectiva que busca colocar la salud por encima del estigma y promover una comprensión más amplia de una enfermedad que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo.
La discusión sobre obesidad plantea, además, la necesidad de que los pacientes puedan recibir atención sin ser juzgados y de que las políticas de salud consideren los factores sociales y ambientales que contribuyen al problema.
Más allá de la percepción tradicional de que adelgazar depende simplemente de comer menos o ejercitarse más, la evidencia científica reconoce que la obesidad tiene múltiples causas y requiere un abordaje integral.
El desafío, por tanto, consiste en avanzar hacia una respuesta sanitaria que combine prevención, tratamiento, educación y mejores condiciones para que las personas puedan adoptar hábitos saludables, sin convertir la enfermedad en motivo de culpabilización o discriminación.
