
Los dulces, elaborados con papel de arroz y con apariencia de libros y exámenes, son promocionados como una forma de aliviar el estrés escolar,
Una curiosa tendencia se ha popularizado entre estudiantes de primaria y secundaria en China: “comerse la tarea”. Se trata de snacks elaborados a base de papel de arroz que imitan la apariencia de libros de texto, cuadernos, exámenes y otros materiales escolares.
Los productos comenzaron a ganar popularidad con el inicio del nuevo curso escolar y son comercializados en plataformas de comercio electrónico como una especie de “snack antiestrés”. Algunos estudiantes aseguran que comer simbólicamente aquello que les genera presión académica les ayuda a relajarse, mientras algunos vendedores utilizan frases relacionadas con “llevar el conocimiento al estómago”.
Sin embargo, la tendencia también ha generado preocupación por la seguridad de los productos. La Administración de Regulación del Mercado de Beijing emitió este 17 de septiembre una advertencia sobre estos alimentos virales y señaló que algunos pueden contener grandes cantidades de colorantes y edulcorantes, mientras que determinados productos elaborados en pequeños talleres podrían utilizar procesos no autorizados o incluso tintas industriales.
La autoridad también advirtió sobre posibles riesgos asociados con residuos de metales pesados y cantidades excesivas de aditivos en productos que no cumplen con las normas. Además, debido a que estos snacks tienen una apariencia similar a juguetes, los niños podrían manipularlos antes de llevárselos a la boca, aumentando el riesgo de contaminación secundaria.
Medios chinos reportaron además casos en los que la información publicada por vendedores en internet no coincidía completamente con el etiquetado de los productos recibidos. En una de las muestras examinadas aparecían colorantes como amarillo limón, rojo tentación y azul brillante.
Ante la popularidad de esta tendencia, las autoridades recomendaron a padres y estudiantes comprar únicamente productos de establecimientos y fabricantes autorizados, revisar la fecha de vencimiento, los ingredientes, el fabricante y la licencia de producción, además de evitar productos de origen desconocido o con etiquetas incompletas.
Así, lo que comenzó como una ingeniosa forma de convertir la frustración por los estudios en una golosina se ha convertido en China en un fenómeno viral que ahora también genera preguntas sobre qué tan seguros son estos particulares “libros comestibles”.
