
Los acuerdos internacionales para eliminar sustancias dañinas han permitido avanzar en la protección de este manto natural que ayuda a bloquear la radiación ultravioleta
La capa de ozono, uno de los principales mecanismos naturales de protección de la Tierra frente a la radiación ultravioleta, se encuentra en un proceso de recuperación que avanza de manera gradual. Naciones Unidas destaca este progreso con motivo del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que se conmemora cada 16 de septiembre.
De acuerdo con las estimaciones señaladas por Naciones Unidas, la recuperación completa de la capa de ozono todavía requerirá aproximadamente cuatro décadas. Aunque se trata de un proceso lento, la evolución representa un resultado de los esfuerzos internacionales desarrollados durante varias décadas para reducir la presencia de sustancias capaces de deteriorar este manto protector.
La capa de ozono cumple una función fundamental para la vida en el planeta debido a su capacidad para absorber una parte importante de la radiación ultravioleta procedente del Sol. Por ello, su deterioro representa una preocupación ambiental que trasciende las fronteras de los países y requiere acciones coordinadas a escala internacional.
Los esfuerzos para protegerla comenzaron a consolidarse mediante acuerdos internacionales. En 1985 se estableció el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, que sentó las bases de la cooperación entre los países para investigar, vigilar y abordar el problema relacionado con el deterioro de esta capa.
Dos años después, en 1987, se adoptó el Protocolo de Montreal, considerado uno de los principales instrumentos internacionales para enfrentar el problema. A través de este acuerdo se establecieron obligaciones destinadas a eliminar progresivamente las sustancias que destruyen el ozono.
Entre las sustancias identificadas estuvieron los gases clorofluorocarbonados, conocidos como CFC, que durante décadas tuvieron diversos usos industriales y comerciales. La reducción y eliminación progresiva de estos compuestos permitió avanzar hacia una disminución de uno de los principales factores que afectaban la capa de ozono.
La respuesta internacional no terminó con el Protocolo de Montreal. Con el paso de los años se fueron incorporando nuevas medidas para atender otros gases relacionados con actividades industriales y tecnológicas.
En 2016, los países acordaron la Enmienda de Kigali, que introdujo compromisos para reducir gradualmente la producción y el consumo de hidrofluorocarbonos, conocidos como HFC. Estos gases han sido utilizados principalmente en equipos de refrigeración y sistemas de aire acondicionado.
Los HFC no destruyen directamente la capa de ozono de la misma manera que los CFC, pero tienen un elevado potencial de calentamiento global. Por esta razón, su reducción representa también una medida vinculada a la protección del clima y a la disminución del impacto ambiental de determinados sistemas de refrigeración y climatización.
La experiencia acumulada desde la aprobación de los primeros acuerdos demuestra la importancia de la cooperación internacional para enfrentar problemas ambientales que pueden tener consecuencias a largo plazo. La protección de la capa de ozono ha requerido cambios en procesos industriales, sustitución de determinadas sustancias y compromisos asumidos por numerosos países.
La conmemoración del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono busca precisamente mantener presente la importancia de estos avances y recordar que la recuperación no es inmediata. Aunque las medidas adoptadas han permitido mejorar las perspectivas para este manto natural, el proceso continuará durante las próximas décadas.
La estimación de unos 40 años para completar la recuperación refleja la naturaleza prolongada de los cambios atmosféricos. Las sustancias liberadas durante décadas y sus efectos no desaparecen de manera instantánea, por lo que la recuperación requiere mantener los compromisos y las medidas de protección durante un período prolongado.
La capa de ozono constituye, por tanto, un ejemplo de cómo los acuerdos ambientales internacionales pueden generar resultados positivos cuando existe coordinación entre gobiernos, organismos científicos e industrias. La evolución de este proceso también mantiene vigente la necesidad de continuar vigilando la atmósfera y reduciendo aquellas sustancias que puedan afectar su equilibrio.
En el marco de la celebración del 16 de septiembre, Naciones Unidas vuelve a poner el foco en la importancia de preservar los avances alcanzados. La recuperación de la capa de ozono representa un proceso de largo plazo, pero también una muestra de que las acciones coordinadas pueden contribuir a enfrentar problemas ambientales de alcance global.
