
Santiago.– La instalación temporal del presidente Luis Abinader en Santiago, prevista del 14 al 16 de septiembre, ha generado una lectura política que va más allá de la agenda oficial de reuniones, encuentros institucionales y recorridos programados durante su permanencia en la ciudad.
En un artículo de opinión, el periodista Ramón Morel sostiene que la presencia del mandatario en Santiago podría terminar funcionando como un inventario de los principales problemas que todavía enfrenta la provincia y que, a su juicio, permanecen sin una solución definitiva después de seis años de Gobierno.
La agenda presidencial contempla asuntos relacionados con electricidad, educación, agua potable, seguridad, infraestructura y desarrollo provincial, áreas que forman parte de las principales demandas de la población y que, según el análisis de Morel, evidencian la distancia que todavía existe entre las necesidades de la ciudadanía y las respuestas ofrecidas por el Estado.
Morel plantea que la discusión no debería centrarse únicamente en la cantidad de actividades que realizará el presidente durante los tres días de instalación temporal, sino en una pregunta más amplia: por qué varios de estos problemas continúan requiriendo atención presidencial después de seis años de gestión.
El autor señala que Santiago continúa enfrentando dificultades relacionadas con el suministro de agua potable, particularmente en comunidades que han denunciado interrupciones y precariedades en el servicio.
A su juicio, se trata de una problemática conocida desde hace años y que no puede ser considerada como una situación reciente. Por ello, considera que la permanencia de este tema dentro de la agenda presidencial representa un desafío para la administración.
Otro de los sectores señalados en el artículo es la educación. Morel hace referencia a centros escolares que requieren intervenciones, problemas de infraestructura y situaciones que han obligado a estudiantes y comunidades educativas a enfrentar distintas dificultades.
Desde su perspectiva, después de varios años de gestión gubernamental no resulta suficiente anunciar nuevas reparaciones, sino que también debe existir una evaluación sobre las razones por las que determinados planteles llegaron a presentar condiciones que requieren intervención.
La electricidad constituye otro de los puntos abordados. El análisis cuestiona que, pese a las inversiones, cambios administrativos y medidas anunciadas durante los últimos años, el sistema eléctrico continúe enfrentando dificultades relacionadas con pérdidas, costos y calidad del servicio.
Para Morel, el hecho de que el sector eléctrico vuelva a ocupar un espacio importante dentro de la agenda presidencial demuestra que todavía existen asuntos pendientes que requieren atención.
El artículo también menciona problemas vinculados con el deterioro vial, el congestionamiento, la movilidad urbana, las inundaciones y las deficiencias en los sistemas de drenaje, además de demandas acumuladas en diferentes comunidades.
La reflexión parte de una realidad: Santiago ha experimentado un importante crecimiento urbano y económico durante las últimas décadas, mientras persisten necesidades relacionadas con los servicios públicos y la infraestructura.
Morel destaca precisamente la importancia económica de la ciudad, considerada uno de los principales centros industriales, comerciales, productivos y logísticos del Cibao.
Desde esa perspectiva, sostiene que una ciudad que aporta significativamente a la economía nacional debería contar con servicios públicos acordes con su importancia.
El periodista plantea que los ciudadanos deberían evaluar una visita presidencial no únicamente por la cantidad de reuniones, recorridos o anuncios realizados, sino por la capacidad de esas actividades para producir soluciones concretas.
En ese sentido, sostiene que una administración puede recibir problemas heredados durante los primeros meses o años de gestión, pero que después de seis años el Gobierno debe comenzar a asumir una mayor responsabilidad por las situaciones que permanecen sin resolver.
Morel resume esa posición al señalar que “quien gobierna durante seis años deja de administrar la herencia y comienza a construir su propio expediente”, una frase con la que plantea que el tiempo transcurrido convierte los problemas pendientes en parte del balance de la propia administración.
El análisis considera que la visita presidencial podría tener incluso un efecto político diferente al esperado, debido a que la concentración de temas como agua, electricidad, educación, seguridad, movilidad e infraestructura puede hacer más visibles las necesidades que todavía enfrenta la ciudad.
La discusión, según el autor, no debería limitarse a las actividades oficiales programadas, sino enfocarse en cuáles de los problemas abordados durante la visita debieron haber recibido una solución antes.
Morel sostiene que los habitantes de Santiago conocen de primera mano las dificultades que afectan a sus comunidades y que, por tanto, no necesitan que el Gobierno descubra cuáles son sus problemas.
Lo que esperan, plantea, son resultados concretos.
El artículo también cuestiona que una ciudad con el peso económico de Santiago tenga que continuar reclamando servicios considerados esenciales, entre ellos agua potable, electricidad, educación, seguridad, movilidad y vías en buenas condiciones.
La instalación temporal del Gobierno en la ciudad, por tanto, es presentada como una oportunidad para medir la capacidad de la administración de transformar las demandas acumuladas en soluciones verificables.
El análisis concluye con una reflexión sobre la diferencia entre una visita presidencial de tres días y una gestión gubernamental que ya acumula seis años.
Mientras la agenda puede organizarse y las actividades pueden ser planificadas, sostiene Morel, los años de gestión y los resultados obtenidos forman parte de un balance que no puede modificarse mediante una operación de comunicación.
La pregunta que deja planteada el artículo es si, al finalizar la visita, los santiagueros tendrán nuevas respuestas o si continuarán esperando soluciones a problemas que llevan años formando parte de las demandas de la ciudad.
El Gobierno tendrá tres días en Santiago para presentar su agenda, pero serán los resultados acumulados durante seis años los que terminarán definiendo el verdadero balance de su gestión.
