
Santiago.– Cuando cae la noche en Conani, un barrio del sector Pekín, al sur de Santiago, María Elena no tiene una puerta que cerrar ni una habitación propia que la espere.
Desde hace varios años, la galería de un vecino se ha convertido en su refugio, donde duerme y permanece a la espera de que alguna persona o institución pueda acudir en su ayuda.
A sus 72 años, según aseguran residentes de la zona, María Elena enfrenta una situación de vulnerabilidad y sobrevive principalmente gracias a la solidaridad de personas que, sin tener vínculos familiares con ella, le proporcionan alimentos y están pendientes de sus necesidades.
La mujer asegura que no tiene hijos y que sus familiares más cercanos se encuentran lejos, una situación que ha hecho que dependa en gran medida del apoyo de personas de su comunidad.
Su historia es conocida por los vecinos de Conani, quienes han observado durante años cómo la galería de un residente se convirtió en el lugar donde María Elena encuentra un techo para pasar la noche.
El espacio, que no fue concebido como una vivienda, representa actualmente el único refugio con el que cuenta la mujer.
Durante el día, María Elena permanece en los alrededores y recibe ayuda de personas que se han sensibilizado con su situación.
Algunos vecinos le proporcionan alimentos y procuran mantenerse atentos a sus necesidades básicas.
La solidaridad de la comunidad se ha convertido así en uno de los principales respaldos que tiene la mujer para enfrentar su día a día.
Sin embargo, la situación también ha generado preocupación entre quienes conocen su historia y consideran que requiere una atención más permanente.
A sus 72 años, María Elena enfrenta la ausencia de un hogar propio y de familiares cercanos que puedan acompañarla de manera constante.
La mujer afirma que sus parientes más próximos viven lejos, lo que dificulta que puedan estar presentes para atender sus necesidades cotidianas.
Tampoco tiene hijos que puedan hacerse cargo de ella, según su propio testimonio.
Ante esta realidad, la ayuda de los vecinos ha adquirido un papel fundamental.
Personas que no son familiares suyos han asumido, dentro de sus posibilidades, la tarea de llevarle alimentos y estar pendientes de cómo se encuentra.
La situación de María Elena refleja una realidad que también afecta a otros adultos mayores que carecen de redes familiares cercanas o de condiciones adecuadas para vivir.
