miércoles, septiembre 2

¿Por qué ocurre el jet lag después de un vuelo de larga distancia?

El desfase horario aparece cuando el reloj biológico del organismo necesita tiempo para adaptarse al nuevo ciclo de luz y oscuridad

Un vuelo de larga distancia puede llevar a una persona de un país a otro en cuestión de horas, pero el organismo no siempre consigue adaptarse con la misma rapidez al cambio de horario.

Cuando un viajero atraviesa varios husos horarios, el reloj biológico continúa funcionando temporalmente de acuerdo con el horario del lugar de origen. Esta diferencia entre el tiempo interno del organismo y el horario del destino puede provocar el conocido jet lag o desfase horario.

De acuerdo con un informe de BBC News, esta alteración puede manifestarse mediante cansancio, dificultades para dormir, problemas de concentración y cambios en el funcionamiento digestivo.

El jet lag no se produce únicamente porque una persona haya dormido poco durante un viaje. Aunque la falta de descanso puede intensificar el cansancio, la principal causa del fenómeno está relacionada con la alteración del sistema circadiano, encargado de coordinar los diferentes ritmos diarios del organismo.

El cuerpo humano posee un reloj biológico interno que ayuda a organizar numerosas funciones según los ciclos de aproximadamente 24 horas.

Entre esos procesos se encuentran el sueño y la vigilia, la temperatura corporal, la liberación de determinadas hormonas, el metabolismo y otras actividades fisiológicas.

Estos ritmos están fuertemente influenciados por la exposición a la luz y la oscuridad.

Cuando una persona permanece en su lugar habitual, el organismo recibe señales ambientales relativamente predecibles. La luz del día indica al cuerpo que es momento de mantenerse activo, mientras que la oscuridad contribuye a preparar al organismo para el descanso.

El problema aparece cuando se produce un cambio rápido de horario.

Por ejemplo, una persona que viaja varias horas hacia el este puede llegar a su destino cuando allí es de noche, mientras que su organismo todavía interpreta que es mucho más temprano.

En sentido contrario, al viajar hacia el oeste, el cuerpo puede considerar que todavía es más temprano aunque en el destino ya hayan transcurrido varias horas adicionales.

Esta diferencia genera una especie de desajuste entre el horario externo y el reloj interno.

El profesor de Neurociencia Circadiana de la Universidad de Oxford, Russell Foster, explicó el funcionamiento de este sistema utilizando una comparación: el núcleo supraquiasmático, conocido como NSQ, puede considerarse como el director de una orquesta.

La analogía permite entender que diferentes procesos del organismo deben mantenerse coordinados para funcionar adecuadamente.

El núcleo supraquiasmático se encuentra en una región del cerebro y cumple un papel fundamental en la regulación de los ritmos circadianos.

Una de sus principales referencias es la información procedente de la luz que llega a los ojos.

A partir de esas señales, el organismo puede ajustar su reloj interno y sincronizar diferentes funciones con el ciclo ambiental de día y noche.

Cuando una persona cambia rápidamente de zona horaria, ese sistema necesita un período de adaptación.

El problema es que el reloj biológico no puede modificar instantáneamente todos sus ritmos al mismo tiempo que cambia la hora en el teléfono, el reloj de pulsera o el horario de los vuelos.

Por esta razón, una persona puede sentirse cansada durante el día aunque haya dormido varias horas, o experimentar dificultades para conciliar el sueño durante la noche.

También pueden aparecer problemas para mantener la concentración y alteraciones en el apetito o la digestión.

Estos síntomas pueden variar dependiendo de la cantidad de husos horarios atravesados, la dirección del viaje y las características individuales de cada persona.

En general, cuanto mayor sea la diferencia horaria, mayor puede ser el desafío para que el organismo vuelva a sincronizarse con el nuevo entorno.

La dirección del viaje también puede influir.

Viajar hacia el este suele representar un desafío particular porque obliga al organismo a adaptarse a un horario más adelantado.

Viajar hacia el oeste, por el contrario, implica retrasar el reloj interno.

Sin embargo, la intensidad y duración del jet lag no son iguales para todos los viajeros.

Algunas personas pueden recuperarse relativamente rápido, mientras que otras necesitan varios días para sentir que sus horarios de sueño y vigilia vuelven a la normalidad.

La exposición a la luz constituye uno de los factores más importantes durante ese proceso de adaptación.

La luz funciona como una señal externa capaz de ayudar al organismo a reajustar su reloj interno.

Por eso, el momento en que una persona se expone a la luz natural puede influir en la velocidad con la que se adapta al nuevo horario.

El sueño también cumple un papel fundamental.

Cuando el reloj biológico todavía funciona de acuerdo con el horario de origen, dormir a la hora habitual del nuevo destino puede resultar difícil.

Una persona puede sentirse completamente despierta cuando debería estar durmiendo y experimentar sueño intenso durante momentos en los que necesita mantenerse activa.

Esto explica por qué el jet lag puede afectar actividades cotidianas como trabajar, estudiar, conducir o mantener reuniones después de un viaje internacional.

La concentración también puede verse comprometida.

El cansancio asociado al desfase horario puede dificultar la atención y reducir el rendimiento mental durante las primeras horas o días posteriores al viaje.

Las alteraciones digestivas constituyen otro de los síntomas posibles.

Esto ocurre porque el sistema digestivo también está relacionado con los ritmos circadianos y con los horarios habituales de alimentación.

Un cambio repentino de horario puede alterar temporalmente los momentos en que el organismo espera recibir alimentos y procesarlos.

El jet lag, por tanto, no debe entenderse simplemente como cansancio producido por un viaje.

Es el resultado de un desajuste temporal entre el reloj biológico interno y las señales ambientales del nuevo destino.

La duración del viaje también influye en la experiencia.

En un vuelo corto que atraviesa pocos husos horarios, el organismo puede adaptarse con relativa facilidad. En desplazamientos intercontinentales, especialmente cuando existe una diferencia horaria considerable, el proceso puede ser más prolongado.

La adaptación tampoco ocurre necesariamente de manera uniforme.

Diferentes funciones del organismo pueden reajustarse a velocidades distintas, por lo que una persona puede sentir que ha recuperado parte de su energía mientras todavía experimenta dificultades para dormir a la hora local.

Esta situación refleja la complejidad del sistema circadiano.

El cuerpo no funciona únicamente siguiendo la hora indicada por un reloj. Diferentes órganos y procesos biológicos mantienen ritmos que están coordinados entre sí y que reciben información del entorno.

El núcleo supraquiasmático desempeña un papel central en esa coordinación.

Por eso, la comparación de Russell Foster con el director de una orquesta resulta útil para explicar el fenómeno. Si las señales externas cambian bruscamente, el sistema necesita tiempo para conseguir que todos los ritmos vuelvan a sincronizarse.

El jet lag es, en ese sentido, una consecuencia de la capacidad del organismo para mantener un horario interno relativamente estable.

La misma estabilidad que permite que el cuerpo se prepare para dormir durante la noche y mantenerse activo durante el día puede convertirse temporalmente en una dificultad cuando se atraviesan varios husos horarios en pocas horas.

La buena noticia es que el organismo posee mecanismos naturales para reajustarse.

Con el paso del tiempo y la exposición adecuada a las señales ambientales del nuevo lugar, el reloj interno comienza a sincronizarse nuevamente con el ciclo local de luz y oscuridad.

Mientras esto ocurre, los síntomas suelen disminuir progresivamente.

Comprender cómo funciona este proceso permite entender por qué después de un viaje internacional una persona puede sentirse fuera de ritmo aunque haya descansado durante el trayecto.

El problema no está únicamente en la cantidad de horas dormidas, sino en el momento en que el organismo considera que debe dormir, comer, permanecer despierto o realizar determinadas funciones.

El jet lag es, en definitiva, una muestra de la estrecha relación entre el cerebro, la luz, el sueño y los diferentes ritmos que regulan el funcionamiento del cuerpo humano.

Cuando el avión atraviesa varios husos horarios en cuestión de horas, el organismo necesita mucho más tiempo para realizar ese mismo recorrido a nivel biológico.

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