
El senador por el Distrito Nacional aseguró que se lleva como una de sus principales satisfacciones haber conseguido la aprobación de iniciativas legislativas
El senador Omar Fernández valoró como uno de los principales logros de su primer período en la Cámara Alta haber conseguido que algunas de sus iniciativas legislativas fueran aprobadas formalmente. Según explicó, esta experiencia le permite sentirse satisfecho de haber impulsado proyectos que recibieron el respaldo de otros legisladores.
Fernández sostuvo que la aprobación de una legislación representa una satisfacción particular para quienes ejercen funciones congresuales, debido a que no todos los proyectos sometidos logran completar el extenso proceso legislativo.
Sin embargo, señaló como uno de sus principales “lamentos” la burocracia existente en el Congreso Nacional. Explicó que un proyecto debe atravesar varias etapas antes de llegar al hemiciclo: asignación a una comisión, estudio, elaboración de informes, discusión, votación y posteriormente un proceso similar en la otra cámara.
A su juicio, el tiempo que toma completar ese recorrido puede provocar que “grandes ideas para este país” terminen siendo aniquiladas antes de convertirse en legislación. El planteamiento coincide con cuestionamientos previos sobre proyectos que permanecen durante largos períodos en las comisiones legislativas. En 2025, por ejemplo, Diario Libre reportó que la mayoría de las iniciativas presentadas por Fernández durante su primer año como senador permanecían en comisiones.
El senador también comparó las trabas del Congreso con las dificultades que enfrentan los emprendedores ante la burocracia estatal. Criticó que, desde su perspectiva, el Estado puede ser altamente eficiente al momento de cobrar impuestos, pero no necesariamente muestra el mismo nivel de eficiencia en otros procesos.
Fernández consideró necesario buscar mecanismos que permitan reducir la burocracia y acelerar el estudio y aprobación de proyectos, de manera que las propuestas que puedan beneficiar al país no queden paralizadas durante años.
Su posición reabre el debate sobre la eficiencia del Congreso y sobre cuánto tiempo debería tomar una iniciativa desde que es depositada hasta que finalmente puede convertirse en ley.
