
Rafaela Burgos explica que el bajo rendimiento, el retraimiento o la rebeldía pueden ser señales que deben analizarse más allá del comportamiento del menor
La psicóloga Rafaela Burgos explicó que determinadas conductas observadas en niños y adolescentes no necesariamente tienen su origen exclusivamente en ellos, sino que pueden estar relacionadas con situaciones presentes dentro de la dinámica familiar.
Durante su participación en el programa El Despertador, la especialista señaló que comportamientos como el bajo rendimiento escolar, las dificultades para relacionarse con otras personas, el retraimiento o la rebeldía pueden funcionar como señales de que existe alguna situación que requiere atención dentro del entorno del menor.
Burgos explicó que, desde el enfoque de la terapia familiar sistémica, el objetivo no consiste únicamente en identificar qué está haciendo el niño o adolescente, sino en analizar los diferentes factores que podrían estar contribuyendo a mantener una determinada conducta o síntoma.
Este enfoque considera a la familia como un sistema en el que las acciones y respuestas de sus integrantes pueden influirse mutuamente. Por esa razón, una conducta que se manifiesta en un menor puede estar relacionada con situaciones que involucran a otros miembros del núcleo familiar.
La especialista destacó la importancia de evitar que los adultos se concentren exclusivamente en señalar al niño como responsable del problema cuando aparecen dificultades en su comportamiento o desempeño.
El bajo rendimiento académico, por ejemplo, puede ser interpretado inicialmente como falta de interés o disciplina. Sin embargo, según el planteamiento de Burgos, también puede ser necesario explorar qué está ocurriendo en el entorno familiar y emocional del estudiante.
De igual manera, el retraimiento o las dificultades para relacionarse pueden requerir una evaluación que permita comprender qué circunstancias están influyendo en el comportamiento del menor.
La terapia familiar sistémica busca precisamente ampliar esa mirada y determinar cuáles son los factores que pueden estar sosteniendo una conducta, en lugar de abordar únicamente el síntoma visible.
Este enfoque también plantea la importancia de involucrar a la familia en el proceso de búsqueda de soluciones, especialmente cuando determinadas situaciones afectan la convivencia o el bienestar emocional de niños y adolescentes.
Burgos resaltó así la necesidad de observar el comportamiento de los menores dentro del contexto en el que se desarrolla, prestando atención a las relaciones familiares y a las circunstancias que pueden estar influyendo en su conducta.
La identificación temprana de estas señales puede facilitar que las familias busquen orientación profesional cuando consideren que un cambio de comportamiento está afectando el desarrollo, el rendimiento escolar o las relaciones del niño o adolescente.
La especialista recordó que comprender el origen de una conducta puede ser tan importante como intentar modificarla, especialmente cuando detrás de un comportamiento aparentemente problemático puede existir una situación familiar que necesita ser atendida.
