
Una intensa ola de incendios forestales mantiene en alerta al sureste de Estados Unidos, donde al menos 170 focos activos en Georgia y Florida han provocado evacuaciones masivas, destrucción de viviendas y una crisis ambiental en expansión.
Las autoridades informaron que cerca de medio centenar de casas han sido destruidas, mientras cientos de personas han tenido que abandonar sus hogares ante el avance rápido de las llamas, impulsadas por condiciones extremas de sequía, baja humedad y fuertes vientos.
Las zonas más afectadas se concentran en los condados de Brantley y Clinch, donde los incendios más grandes han arrasado amplias extensiones de terreno y amenazan a cientos de viviendas adicionales.
El gobernador de Georgia, Brian Kemp, declaró el estado de emergencia en decenas de condados, mientras equipos de bomberos y agencias federales trabajan sin descanso para contener los múltiples focos activos.
La situación se ha visto agravada por una prolongada sequía que ha dejado la vegetación extremadamente seca, facilitando la rápida propagación del fuego, en algunos casos sin dar tiempo suficiente para alertar a la población.
Además, el humo generado por los incendios ha comenzado a afectar la calidad del aire en ciudades cercanas, aumentando la preocupación por el impacto en la salud pública y el medio ambiente.
Las autoridades mantienen restricciones y prohibiciones de quemas al aire libre, mientras continúan las labores de emergencia en una de las temporadas de incendios más críticas registradas en la región en los últimos años.
