
Un recorrido que parecía rutinario terminó en una tragedia brutal que hoy estremece a toda la República Dominicana. Los últimos minutos de vida de Deivy Carlos Abreu Quezada, chofer de un camión recolector de basura, estuvieron marcados por el miedo, la persecución y la desesperación tras un incidente de tránsito que escaló a niveles mortales.
Según los reportes, lo que inició como un roce en la vía en la Circunvalación Sur de Santiago se transformó rápidamente en una violenta persecución. El conductor, intentando salvar su vida, buscó refugio en un destacamento policial, donde, según denuncias, clamó por ayuda gritando: “¡Me quieren matar!”, sin recibir respuesta de los agentes presentes.
La situación se tornó aún más crítica cuando la persecución continuó hasta las inmediaciones del Palacio de Justicia, donde fue interceptado por varios individuos. En medio del ataque, el chofer recibió estocadas mortales, una de ellas en una arteria clave, lo que provocó que se desangrara en cuestión de minutos.
El caso ha generado indignación nacional no solo por la violencia del hecho, sino también por las denuncias de negligencia y falta de intervención oportuna. La familia de la víctima y sectores de la sociedad exigen que no solo los agresores enfrenten la justicia, sino también que se investigue la actuación de las autoridades que pudieron evitar el desenlace fatal.
Este trágico suceso reabre el debate sobre la seguridad ciudadana, la responsabilidad institucional y la alarmante normalización de la violencia colectiva, en un país donde un simple incidente vial puede terminar en una escena de muerte.
